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Posted by on Nov 13, 2018 in Artículos de Ángeles | 0 comments

“Te regalo lo que se te antoje” … Saint Germain

“Te regalo lo que se te antoje” … Saint Germain

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Les comparto este maravilloso texto del libro “METAFÍSICA PARA LA VIDA DIARIA” – Colección Saint Germain

1. Escribe en un papel, y por orden de importancia para ti, todas las cosas que tú deseas; sin temor de pedir demasiado, pues la fuerza que te voy a dar a conocer no sabe de limitación.
2. Lee tu lista al despertarte y antes de dormir.
3. Piensa a menudo en tus deseos. Goza imaginándolos y siempre que los recuerdes di: “¡Gracias Padre que ya has dado la orden de que me sean concedidos!”.
4. No le cuentes a nadie lo que estas haciendo. Esto es muy importante porque si lo comentas con alguien, se disipa toda la fuerza y no verás realizados tus deseos. Eso es todo.
Ahora…

Para mayor satisfacción tuya, sé espléndido contigo mismo. No digas en tu lista que deseas una casita “aunque sea pequeña…”. Pídela del tamaño que te convenga y te agrade plenamente. Si es dinero, menciona la suma, si es trabajo indica que clase, el sueldo al que aspiras, las condiciones y la localidad mas conveniente para ti.
En tu primera lista pon cosas sencillas para que te vayas acostumbrando tu mismo a ver caer y ocurrir maravillas, pues como jamás has hecho esto, no vas a creer que sea posible, y te advierto que esta duda te puede costar el que no veas lo que has pedido. Es natural que te vengan dudas y desconfianzas porque la idea es muy nueva para ti. Pero cuando sientas escepticismo, pesimismo, etc., saca tu lista, reléela y da gracias de nuevo. El dar gracias por lo que aún no se ha visto es la forma más positiva de manifestar la fe. Lo recomendó Jesucristo en varias ocasiones, como tu recordarás, notablemente, antes de alimentar a cinco mil personas con cinco peces y cinco panes, cuando miró hacia el cielo y dio las gracias en el momento de partir la primera hogaza de pan.
¡Ah…!, te va a sorprender que cada vez que leas tu lista, vas a tener que tachar algunos puntos porque ya se te habrán realizado. Entonces tendrás que hacerla de nuevo, poniendo otros puntos en los lugares más importantes. No te preocupes esto. Es natural, a todo el mundo le ocurre. Lo que sucede es que tu Yo Superior te va indicando que muchos de estos deseos están ya al alcance de tu mano mientras que hay otros que no lo están tanto.
¡Ah…!, no te pongas a elucubrar respecto a la manera de como se te van a dar, porque esto es contraproducente.
La Gran Fuerza Espiritual está más allá de tu comprensión humana. Acepta lo que te da con gratitud, no la interrumpas ni la cohíbas, y sobretodo, no se te ocurra pensar o decir, o exclamar cuando veas tus deseos realizados: “¡Cómo va a hacer!” “¡Esto no parece posible!” “¡NADA DE ESO!”. Lo que pasa es que la Gran Fuerza Espiritual (cuyo nombre verdadero es “La Ley de Precipitación”) es completamente impersonal y coloca sus dones en los lugares más armoniosos y más naturales, aprovechando los canales ya establecidos en tu propia vida. A ella no le interesa el exhibicionismo ni la sorpresa.
Sólo cumple con su cometido de dar lo que tú pidas, donde mejor convenga.

LOS QUINCE PUNTOS

PARA SABER SI ESTOY REALMENTE EN EL SENDERO

1.- Si siempre busco el bien en cada situación, persona y cosa.
2.- Si resueltamente le doy la espalda al pasado, sea bueno o malo, vivo únicamente en el presente y futuro.
3.- Si perdono a todo el mundo sin excepción, no importa lo que hayan hecho; y luego me perdono a mi mismo de todo corazón.
4.- Si considero mi trabajo o tarea diaria como cosa sagrada, tratando de cumplirla lo mejor posible (me guste o no).
5.- Si hago todo lo que está en mi poder para manifestar un cuerpo sano, y un ambiente armonioso en torno mío.
6.- Si trato de prestar servicio a todos los demás, sin hacerlo de manera majadera ni fastidiosa.
7.- Si aprovecho todas las ocasiones de hacer conocer la verdad a otros, de una forma sabia y discreta.
8.- Si evito incondicionalmente la crítica, negándome a escucharla o apoyarla.
9.- Si le dedico por lo menos un cuarto de hora a la meditación y a la oración.
10.- Si leo por lo menos siete versículos de la Biblia o un capítulo de algún libro instructivo sobre la verdad para esta era.
11.- Si hago un tratamiento especial diariamente para pedir o demostrar la comprensión. (hay que afirmarla sabiendo que Dios está con nosotros, o encargar a la Señora Maestra Ascendida Nada del rayo rubí, como a las huestes del rayo dorado).
12.- Si me entreno para darle a mi primer pensamiento a Dios al despertar.
13.- Si pronuncio el verbo por el mundo entero todos los días, o bien nuestros ejercicios diarios, o especialmente, digamos, a las doce del día.
14.- Si practico la regla de oro de Jesús en lugar de admirarla únicamente. Él dijo: has a otros lo que desees que te hagan a ti. Lo importante de la regla de oro es que la debemos practicar aunque los demás no la practique hacia nosotros. Pero también, no hay regla que no tenga su opuesto, de manera que no permitas que otros te hagan lo serías tu incapaz de hacerles a ellos.
15.- Si me doy cuenta perfecta de que lo que yo veo no es sino un espejismo, el cual me es posible transformar por medio de la oración científica.

Para poder demostrar armonía y perfección de todo en tu vida, pregúntate una vez por semana si estás cumpliendo con todos estos puntos.

En donde quiera que se menciona le perdón se puede insertar la oración de la llama violeta: “Yo Soy la Ley del Perdón y la llama transmutadora de todos los errores cometidos por mi y por toda la humanidad”. Por supuesto que esto es para los estudiantes que ya conocen las Llamas.

LA VIDA

Uno de los aspectos de Dios, o de “aquello que llamamos Dios”, es vida. Dios es vida; entre tantas otras cosas, Dios es nuestra vida y la de todo lo que existe.
La vida toda es una sola, la tuya, la mía, la de las plantas, el insecto, el ave, etc. No nos pertenece individualmente. Es una inmensa vida en la cual estamos nosotros flotando.
Somos cada uno una esponja en un océano de vida.
Estamos acostumbrados a pensar que cada uno aisladamente posee una cantidad de vida, y que esta, como el agua en un pocito, rodeado de tierra, se va evaporando y secando, y que le puede caer algo sucio o algo que le infecte y la contamine. No. A ella, a ese manantial inmenso, inagotable e indestructible, no le puede ocurrir absolutamente nada.
Ella no puede morir. Es un manantial de energía que fluye a través de nosotros, que nos penetra y que por lo tanto, nos mantiene vivientes; o sea que nosotros somos seres vivientes porque estamos en ella.
Como la raza íntegra cree que el ser humano es un pocito de vida separado y aislado, que es susceptible a la enfermedad, al desgaste por los años, y a la muerte, toda la raza manifiesta esa creencia; pero cuando se borre esa opinión, a fuerza de negarla y afirmar la verdad, dejarán de enfermarse, de envejecer y de morir. Mientras más se piense y medite la verdad, más pronto se librará el ser humano de esas falsas creencias, porque la verdad es acumulativa. “Conocer la verdad y ella os hará libres”, dijo Jesús; y también: “El reino de los cielos es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue fermentado”. Más claro no puede estar. El reino de los cielos no es aquello que nos han ofrecido para otro plano si nos portamos bien. (Es el estado de dicha, armonía y adelanto que estamos buscando aquí). Esta meditación que les está aclarando algo que ustedes no conocían; que les está removiendo células que estaban dormidas, es la levadura a la que Jesús se refiere.
Esta verdad que escuchan hoy continuará trabajando en ustedes, hasta que un día de pronto se les ilumine la idea como un todo. Porque habrá fermentado toda la masa.
Estamos habituados y tan endurecidos por la costumbre, a vernos los unos a los otros, que no nos asombra el milagro que representa un personaje que, habla, piensa, se mueve, oye y vive sólo por si mismo, sin ningún cable que lo conecte a una corriente eléctrica; sin que esté sembrando en la tierra; ¿y ese otro milagro que ocurre a cada minuto?, un niño que al ser separado de la madre que le comunica su vida, continua viviendo. Y nada de esto nos llama la atención. Cuando todo esto nos debería provocar constante asombro y contemplación. ¿Qué es eso?, ¿Cómo es eso?, ¿O es que ustedes creen que esa maravilla, ese milagro lo hace la taza de café con leche?. La comida y el comer son resabios que nos quedan del reino animal, son instintos animales.
Como estos no piensan ni reaccionan aún, no tienen intuición sino instinto. Aún los rige la célula aquella primitiva que era un estómago, o deseo rudimentario. Ellos obedecen ciegamente al principio de generación y a la ley de evolución que ordena la combinación de los elementos y la alteración paulatina de vibraciones.
El hombre ya es pensante, racional e intuitivo. Sus vibraciones se intensifican al pensar en las más altas. Al escuchar, comprender y aceptar la verdad de todas las cosas, acelera su frecuencia y por supuesto se eleva de plano.
La meditación, como es pensar profunda y determinadamente en estos altos conceptos, adelanta al ser rápidamente.
Por eso los estoy haciendo meditar.
Nosotros somos hijos de Dios, hechos de su propia sustancia. Somos esponjas en un océano de vida. No necesitamos alimento exterior. Cuando nos compenetramos bien de esta verdad y la realizamos, nos encontramos comiendo menos y menos, automáticamente sin hacer ningún esfuerzo ni sacrificio. La levadura de la verdad habrá penetrado toda la masa; las células del cuerpo estarán vibrando a altas frecuencias. La vida es ella misma alimento. Ella es salud, energía, belleza. Es vida.

METAFÍSICA PARA LA VIDA DIARIA – Colección Saint Germain

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